El pasado 21 de Agosto fui a ver al cine Alien: Romulus. Al igual que como hice con Dune en otro posteo, voy a aprovechar para hablar, brevemente, de algunas ideas que me suscitó esta nueva entrega de la saga y, también, de toda la franquicia en general desde sus orígenes en 1979. Lo que más me gusto de esta nueva entrega, más allá del suspenso y el terror logrados de manera excelente, fue que en Romulus se retomó lo que creo es el principal tema de Alien: la lucha de clases. Prometheus y Covenant son, en mi opinión, dos grandes desaciertos, no sólo por sus horribles guiones y estructura narrativa, sino porque abandonan la temática socio-política y se abocan a una narración new age del origen humano y su relación con la tecnología, reflotan la teoría de los alienígenas ancestrales con propósitos holywoodenses y reactualizan el infinitamente repetido mito de Prometeo, en la versión de Mary Shelley, del modo más lavado y cliché posible. Al finalizar de ver las dos películas, el mensaje que a uno le queda es que "la tecnología es mala" y que "los humanos son el producto de un experimento tecnológico"; lo cual no nos deja muy lejos del libro del Génesis, del pecado original o del gnosticismo valentiniano.
Romulus comienza en una operación minera en Jackson, un planeta-colonia del estado-corporación interestelar Weyland-Yutani. Lo que se nos dice inmediatamente es que los colonos de la Weyland son siervos: están atados a la tierra y deben tributo a sus señores. La WY es un estado feudal espacial. En una definición clásica de feudalismo, la apropiación del excedente del trabajo se da por fuera de la relación salarial, las formas y los motivos de la expropiación son extrínsecos; es decir, políticos, no económicos . Definitivamente, esto es un guiño a las teorías heterodoxas que hoy nos hablan del fin del capitalismo y su reemplazo por el vectorialismo (Mckenzie Wark) o el tecno/neofeudalismo (Yanis Varoufakis). Si pensamos en la primera entrega de 1979, los personajes parecen conservar aún cierta libertad, todavía disponen de su fuerza de trabajo para ser vendida a "libre elección". Los personajes de la primera entrega de la saga eran proletarios. Esto es una gran contraposición respecto a las enormes películas de ciencia ficción anteriores. Pensemos en Star Wars y 2001: Odisea en el Espacio donde los y las protagonistas suelen encarnarse en personal científico, astronautas excepcionales, miembros de la realeza y niños elegidos.
Los personajes de Alien no tienen nada de especial. Son remolcadores, camioneros del espacio. De hecho, desde el momento que despiertan hasta que detectan la señal, sus charlas versan de sueldos, diferencias salariales, bonus, desigualdades y jerarquías entre los mecánicos y el personal de vuelo, es decir, división del trabajo, solidaridad impuesta desde arriba. Pensemos un segundo en toda la discusión alrededor de la señal y lo que esta implica. Para la mayoría, esto es un abuso del contrato, no les pagan lo suficiente para hacer eso. Aunque podría ser el descubrimiento máximo, la evidencia de que no estamos solos en el universo, señales de posible vida inteligente; la discusión nunca pasa por ahí. Sino que les da tremenda paja tener que laburar gratis para una empresa a la cual ya le regalan varios años de su vida (de manera literal); mientras que la otra parte, solo lo hace porque, de romper esa regla, perdería derecho a sus bonificaciones. En esta saga, desde un comienzo, estamos muy lejos de los aires de trascendentalidad y fantasía épica de las películas de ciencia ficción previas. Alien no es una película de ciencia ficción de la grandes figuras, una historia del bien versus el mal, sino que es un film hecho desde el punto de vista del trabajo:
Desde esta perspectiva, el enemigo de fondo, resulta ser en realidad la Weyland-Yutani y no el xenomorfo. El "organismo perfecto" capas de colonizar la galaxia y totalmente adaptado a las condiciones espaciales ya existe, es la Weyland. Es una empresa que puede acumular capital en años luz. Utiliza máquinas, androides y humanos como su sistema nervioso y motor. "Los grandes conglomerados polifacéticos se agrupaban formando intricadas figuras geométricas. Inmóviles en las eras de frío, crecían a lo largo de las rutas estelares cuando volvía el calor. No importaba que completar un pensamiento o una transacción llevase un millón de años". Con algunas reminiscencias de la Tessier-Ashpool de Neuromante, pero también más parecida a la empresa de Josef Virek en Conde Zero (ambas de William Gibson), la WY es una de esas "multinacionales que marcaron el curso de la historia humana y trascendieron las viejas barreras. Vistas como organismos, han obtenido una especie de inmortalidad". Volviendo siempre a la frase de D&G, la WY es terrible porque la encarna a la perfección a lo largo de toda la saga: "nos enseñan que las empresas tienen un alma, lo cual es la noticia más aterradora del mundo".
Por otra parte, otro problema central de la saga, además de la lucha de clases, es la relación entre capital y naturaleza. Podemos pensar a la eterna excusa cinematográfica para continuar la saga (la del malo que siempre vuelve y en realidad no había muerto), como una ejemplificación de la dinámica reproductiva del capitalismo. La WY no puede evitar intentar conseguir el espécimen una y otra vez, es parte del ciclo de acumulación. El capital debe expandirse eternamente a zonas sin explotar si ha de sobrevivir, y, en el mundo de Alien, parece que estas ya no existen. La galaxia se convirtió en un gran sur-global ya expoliado, la tecnología parece haberse estancado y no genera esperanzas de producir nuevos picos de productividad y el trabajo se encuentra exprimido al máximo posible. No hay ya un afuera hacia donde el capital pueda crecer, hasta que aparece el xenomorfo. Y aunque este sea increíblemente destructivo e incapaz de ser incorporado al sistema, la Weyland no puede hacer otra cosa que intentarlo una y otra vez, de ello depende su supervivencia. El ecólogo marxista Andreas Malm, en su libro sobre la pandemia, "Coronavirus, Clima y Emergencia Crónica: Comunismo de Guerra en el Siglo XXI", escribe un fragmento que merece ser citado en su totalidad:
"El capital sólo se puede relacionar con la naturaleza salvaje adhiriéndose a ella, de modo que pueda obligarla a producir commodities que contengan valor de intercambio. En el momento de su éxito, esa naturaleza no es más salvaje: es arrancada, capturada, encerrada y transportada hacia el mercado. Lo salvaje es devorado desde adentro, pero el daño no es intencional. El capital no tiene el propósito de destruir las intrincadas estructuras celulares de la naturaleza salvaje; este no tiene intenciones formadas en su mente para luego embarcarse en esfuerzos por realizarlas – simplemente, el capital no tiene otra forma de replicarse. El dominio y la succión están en su ADN (¿o debería decir ARN?); en el momento en que estas se detienen, la reproducción del capital finaliza. A diferencia de otros parásitos, este no puede mantenerse satisfecho con vegetar en las pieles o venas de otras especies por millones de años en un equilibrio co-evolutivo. Sólo puede subsistir expandiéndose y, en ese sentido, demuestra una especie de permanente pandemicidad; no regresa para acechar en las sombras hasta el próximo contacto, como el Ebola o el Nipah. Una vez que hubo escapado de su huésped en las Islas Británicas, comenzó su largo histórico trabajo de subsumir a la naturaleza salvaje de este planeta, sea en la forma de una plantación de aceite de palma, una mina de bauxita, un mercado húmedo o una granja de ratas. Todas estas, así como otras incontables entidades, representan a la naturaleza salvaje siendo arrastrada hacia el interior de la cadena de valor, y dado el hecho biológico de que los microbios patógenos son elementos constitutivos de dicha naturaleza, el capital también debe atraerlos necesariamente así sí mismo. No puede evitar salpicarse y zambullirse en la fuente de los patógenos, al igual que un buscador de oro en el barro de un río".
De este modo, volviendo a Alien, es inevitable que el trabajo siempre sea el que paga cuando la WY se dispone a recuperar el espécimen. La narración de la saga no es más que la versión espacial de las diversas pandemias y epidemias que hemos sufrido los últimos 30 años. En cada expansión de los ciclos de acumulación la humanidad se expone a ser borrada del planeta. El crecimiento del capitalismo es un riesgo existencial para la especie humana y, probablemente, para la vida en el planeta (por lo menos, del modo en que la conocemos hasta el momento). La excusa de la Weyland (o "la compañia", parece ya no haber otras instituciones sociales fuera de ella) es utilizar al xenomorfo para su división de armas biológicas (Alien 2 y 4) o para generar humanos aptos para la colonización espacial (Romulus - los mundos de Blade Runner y Alien se vuelven a unir) ¿Contra quién va a usar sus armas la WY? ¿Contra sí misma? ¿O para la "pacificación urbana", es decir, para imponer la disciplina del trabajo? Tanto los cyborgs como los humanos, parecen no servir para el espacio, o mejor dicho, para los planes de acumulación de la WY en el espacio.
El devenir mujer-cyborg-alien de Ripley es un espejo de la ficción utópica de Donna Haraway. Un neo-proletariado bastardo nacido de las mismas entrañas del tecnocapital interestelar. En ese intento de constituir un nuevo salto tecnológico, la Weyland cava su propia tumba. En Alien 3, el sacrificio de Ripley representa un gesto de resistencia que la WY no puede devolver. Sin demandas, ni esperando nada a cambio, una forma de intercambio simbólico que rompe con la ley de equivalencia general del valor y el trabajo. Como si la única forma de resistencia fuera disponer del propio cuerpo, aunque solo sea para destruirlo gratuitamente. Como dice Baudrillard:
"El trabajo es una muerte lenta. Esto se entiende generalmente en el sentido de la extenuación física, pero hay que entenderlo en otra forma: el trabajo no se opone, como una especie de muerte, 'a la realización de la vida' - esa es la visión idealista -, el trabajo se opone como una muerte lenta, a la muerte violenta. Esta es la realidad simbólica. El trabajo se opone como muerte diferida, a la muerte inmediata del sacrificio. Contra toda visión piadosa y 'revolucionaria' del tipo, 'el trabajo (o la cultura) es lo inverso de la vida', hay que sostener que la única alternativa al trabajo no es el tiempo libre, o el no-trabajo, es el sacrificio".
"Toda estrategia revolucionaria tiene que partir de que el esclavo vuelva a poner en juego su propia muerte, cuya desviación, el aplazamiento, es aprovechado por el amo para asegurar su poder. Rechazo a no ser muerto, a vivir en el plazo mortal del poder, rechazo a deber la vida y a no ser librado jamás de esa vida, y a estar en obligación de saldar este crédito a largo plazo en la muerte lenta del trabajo, sin que esta muerte lenta cambie en nada la dimensión abyecta, la fatalidad del poder. La muerte violenta cambia todo, la muerte lenta no cambia nada, porque hay un ritmo, un compás necesario en el intercambio simbólico: una cosa debe ser devuelta en el mismo movimiento y según el mismo ritmo, si no, no hay reciprocidad y simplemente no es devuelta. La estrategia del sistema de poder es desplazar el tiempo del intercambio, sustituir la continuidad, la linealidad mortal del trabajo a la torsión, a la réplica inmediata de la muerte. Por lo tanto, no le sirve de nada al esclavo (al obrero) el devolver poco a poco, en dosis infinitesimales, en el curso del trabajo que le mata, su vida al amo o al capital, porque este 'sacrificio' en pequeñas dosis no lo es justamente; no afecta al aplazamiento de la muerte, que es lo esencial, y no hace más que destilar un proceso cuya estructura permanece igual".
" No hay otra alternativa: no es conservando la vida como podrá abolirse este poder, puesto que no habría habido reversión de lo que ha sido dado. Sólo la capitulación de esta vida, la réplica a la muerte diferida con la muerte inmediata, constituye una respuesta radical, y la única posibilidad de abolición del poder".
Si hay una constante en la saga es esta compulsión al sacrificio. Esta actitud de ir en contra de todo calculo de ética utilitarista liberal y rechazar en una negación absoluta las promesas de "vida eterna" (muerte diferida) que la gran corporación interestelar apuesta siempre como último recurso, cuando el sacrificio ofrecido por los esclavos, amenaza con disolver todo su plan de acumulación y dominio galáctico. De hecho, esta idea de una muerte diferida también puede verse en el trabajo de parto al que son inducidos aquellos infectados por el alien huésped, cuando son incorporados a la estructura de tipo colmena que los mantiene vivos hasta la gestación. El xenomorfo mismo juega con esto de diferir la muerte de algunas de las víctimas que caza. Cuando Ripley reencuentra a Dallas en Alien este pide algo que se repetirá una y otra vez en la serie: kill me, kill me, kill me. El mismo mantra vuelve a aparecer en Alien: Resurrección en la escena donde Ripley N°8 descubre a sus antecesoras: kill me, kill me, kill me. En Romulus el sacrificio por el otro llega al punto de hacerse por una familia extendida no-humana. Generar parentesco con un no-humano y sacrificarse por él es algo que hasta el resto de los siervos, que acompañan a la protagonista, no logran entender.
En Alien: Resurrección esta solidaridad posthumanista es la clave. Aunque con ciertas tensiones e indirectas, se establece una clara alianza entre Call y Ripley al estar ambas fuera de lo que es considerado como lo humano. Ambas son cyborgs subversivas creadas por la WY. Ambas están fuera del paradigma de la reproducción sexuada. Son replicantes: "Father's dead, asshole", dice Call. Se escuchan los ecos del "Let me tell you about my mother" de Leon en Blade Runner. "Los replicantes no son copias ni originales, ni hechos naturales ni construcciones sociales. Son duplicados de algo que nunca tuvo un inicio, punto de partida u origen". Ripley y Call no son copias de ninguna Ripley o Call original, no son humanas aunque no paran de simular serlo. "Las replicantes no quieren ser humanas". "Para las replicantes rebeldes, la identidad es fácil de simular, sólo uno más de los varios programas que pueden correr". Su duplicación destruye "el sistema de seguros y contrapesos sexuales del sexo reproductivo", dan por tierra al intento "más cercano, de los sistemas biológicos, por asegurar la reproducción de su línea genética". "La mutación, desviación e innovación florece entre las replicas y duplicas de las poblaciones asexuales". Las replicantes se asemejan a las bacterias, en el sentido que:
"no poseen sexo en ningún sentido familiar, y su apertura genética es tal, que el mismo concepto de especie falsea su carácter como forma de vida única e individual. Son descritas como partenogénicas, asexuales, o incluso, omnisexuales, replicándose y mutando por medio de transferencias de fluido genético a velocidades extraordinarias. Se replican y mutan sin consideración por la individuación, transmitiendo promiscuamente información genética a través de generaciones de especies pluricelulares sin siquiera percatarse de las barreras que cruzan. Entenderlas desde su lugar, es mover las concepciones modernas de la vida individual, el cuerpo ya no puede verse como algo unitario".
Ripley y Call, en ese sentido, comparten muchísimo más con los xenomorfos que con sus creadores humanos. Estos también se reproducen asexualmente, se replican a través del código genético de sus huéspedes. La única diferencia es que al hacerlo, no pueden evitar matarlos (como el capital). En eso, los xenomorfos insisten en la idea de que "nada humano consigue escapar del futuro cercano". En ellos el carácter bacteriano se realiza aún más porque ¿Cuál es el verdadero cuerpo del alien? Hay toda una fan-taxonomía de la especie (la reina, los drones, los facehugger, los huevos, etc.), sin embargo, al hacer foco en el cuerpo como una unidad organizada, estas pasan por alto lo que más define al xenomorfo: sus "transferencias de fluido genético a velocidades extraordinarias", su "transmisión promiscua de información genética a través de especies pluricelulares sin siquiera percatarse de las barreras que cruza".
Volviendo a Ripley y Call, ambas funcionan como imágenes del generomoto, según Sadie Plant: la transformación político-económica y de genero radical que ha tenido lugar a raíz de la introducción de las tecnologías de la información. La vieja forma laboral masculina (representados por los personajes de Johner y el General Pérez), la fuerza física, la estabilidad y seguridad laboral, el trabajo de por vida, la identidad con el trabajo desaparecen. En su lugar, se empieza a demandar "velocidad, inteligencia, habilidades transferibles, interpersonales y comunicativas". "Se privilegia la independencia, la flexibilidad y la adaptabilidad". Las replicantes son "jugadoras avanzadas en el juego económico del trabajo autónomo, a medio tiempo o discontinuo, donde las multiplicidad de habilidades, la flexibilidad y la adaptabilidad máxima son, de repente, cruciales para la supervivencia". Son herederas de un linaje de mujeres que "no teniendo otra opción que explorar continuamente nuevas vías, tomar riesgos, cambiar de trabajo, aprender nuevas habilidades, trabajar de modo independiente, entrar y salir del mercado laborar más frecuentemente que sus contrapartes masculinas; se encuentran mejor preparadas cultural y psicológicamente para las nuevas condiciones económicas que han surgido hacia el final del siglo XX".
No es casualidad el machismo de los personajes en las películas, o las reacciones alérgicas del siglo XXI ante estas tendencias. Los hombres "se lamentan que las mujeres y los robots les hayan desprovisto de su masculinidad", en un proceso que demuestra lo siguiente: "mientras más sofisticadas las máquinas, más feminizada la fuerza laboral es". Esto, sin embargo, va más allá de la composición laboral o la naturaleza de la demanda de trabajo. Toda la noción de masculinidad se torna obsoleta. "El abandono, de los hombres, por los poderes económicos y los privilegios sociales que alguna vez los hacían atractivos, hasta necesarios, compañeros, provoca la caída de los conteos de esperma y el desplome de las tasas de natalidad. La energía hormonal y fuerza muscular que alguna vez les sirvió tan bien, se han convertido ahora en desventajas". "Las mujeres se convierten en madres en sus propios términos o ni siquiera lo hacen. Las relaciones heterosexuales pierden su viabilidad, conexiones queer florecen, un gran carnaval ha empezado para un vasto rango de parafilias y llamadas perversiones, como si hubiera más de un sexo para tener, y más de dos para ser". La Weyland encarna esa última mutación del capitalismo que en su intento de mantener el control, crea algo que escapa totalmente de él, de la humanidad y de la Tierra (volvemos a Mary Shelley, pero de mejor manera):
"Se estaban cayendo a pedazos. Se estaban deshaciendo. Todo se movía demasiado rápido. Lo que alguna vez parecía destinado a convertirse en un mundo perfectamente regulado estaba, de repente, fuera de sí. El control se estaba escapando de las manos de aquellos que creían que lo tenían bajo su dominio. Algo estaba mal. Lo estaban perdiendo todo: su sentido de seguridad e identidad, su mando, la trama e incluso sus trabajos. No podían encontrarle el sentido a nada ¿Qué mas podían hacer los pilares del viejo mundo del hombre blanco más que redoblar sus esfuerzos, intensificar su búsqueda de seguridad, aumentar y perfeccionar sus poderes? Pero, mientras más luchaban para adaptarse y sobrevivir, más rápidamente parecía cambiar la situación. Mientras más trataban de retomar el control, más perdían el hilo de su propia historia. Mientras más cerca se encontraban de vivir el sueño, más débil se volvía su agarre sobre el poder ¿Sería acaso posible que, a pesar de sus labores, sus sueños y esperanzas, ellos hayan sido 'los órganos sexuales del mundo maquínico, como la abeja del mundo de las plantas, permitiéndole fecundarse y evolucionar a nuevas formas?' Todo ese tiempo, el esfuerzo y el dolor, la molestia que se han tomado para mantener el control. Miraron como las máquinas se multiplicaban y los empujaban, poco a poco, de los limites de su naturaleza. Fueron expulsados de nuevo hacia las montañas, mientras las máquinas progresivamente poblaban la Tierra y convertían, por último, al hombre en su epifenómeno".
Obras cortadas y pegadas:
- Neuromante (1984) de William Gibson editado por Minotauro (2014)
- El Fin de la Infancia (1954) de Arthur C. Clarke editado por Minotauro (2000)
- Post-scriptum sobre la Sociedad de Control (1990) de Gilles Deleuze editado por El Gran Pez (2018)
- Corona, Climate and Chronic Emergency: War Communism in the Twenty-First Century (2020) de Andreas Malm editado por Verso Books.
- El Intercambio Simbólico y la Muerte (1976) de Jean Baudrillard editado por Monte Avila Latinoamericana (1993)
- Zeros+Ones: Digital Women + the New Technoculture (1998) de Sadie Plant editado por Fourth Estate.


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