Brion Gysin Estudio: técnicas extáticas del olvido y el silencio

En esta oportunidad quiero hablarles de un personaje del que poco se comenta y que, en el mejor de los casos, suele figurar como una nota al pie en la historia de la contracultura y del arte contemporáneo. William Burroughs lo consideró su principal maestro, mentor y amigo. Gracias a esa amistad fue posible que su obra escrita eclosionara en los textos por los cuales hoy es reconocido mundialmente. A esta persona le debemos la técnica del cut-up, la dreamachine, la frase “el lenguaje es un virus” y el mito de Hassan I Sabbah. Me refiero al famoso, pero poco tratado, Brion Gysin. Si bien, siempre se lo menciona en cualquier biografía de WSB o relato de su obra, la referencia queda allí sin más. No se suele profundizar mucho en el personaje y hay poco escrito sobre él (absolutamente nada en lengua española) que no gravite centralmente sobre la figura de Burroughs. Se ha olvidado que la Tercera Mente es el producto de la conjunción de ellos dos y que, por lo tanto, no habría Trilogía Nova ni Ciudades de la Noche Roja sin él. El mismo William a lo largo de toda su obra no paró nunca de dedicarle libros, homenajearlo y colaborar extensamente con él.

En este sentido, es extraño que no se haya hecho más hincapié en su historia. De hecho, mi relación misma con Gysin siempre fue mediada por Burroughs, al punto tal, que sólo lo conocía como uno de los muchos nombres que figuraban alrededor de sus textos. Sin embargo, poco a poco fui descubriendo toda la tradición sobre la que WSB abrevó y en ella Brion cobró una nueva relevancia para mí. Me decidí a reconstruir parte de su legado especialmente en lo que concierne en su relación con la palabra y la escritura. En parte, porque su figura resultaba enigmática en sí misma con toda la escasez de información y, en otra, porque las mismas obras de WSB parecen ser (y no lo digo en un sentido peyorativo o crítico) desarrollos o inspiraciones de las ideas que Gysin encarnaba desde hacía tiempo atrás.

Me gusta pensar en Brion Gysin como un peregrino o un buscador. Sin embargo, a diferencia del significado usual que podemos atribuirles a estas palabras, él no esta viajando hacia una unión mística con el Uno o con Dios, no esta buscando la trascendencia o espera escapar de la rueda de las reencarnaciones, ni siquiera parece creer en la unión con un ámbito sagrado al cual rendirle tributo, adoración o respeto. Su idea fundamental es que estamos aquí para irnos ¿A dónde? Al Espacio: para Brion Gysin el objetivo final de la humanidad es escapar del Planeta Tierra. Estamos ante un pensador asistemático que encarna una especie de anarquismo teológico-metafísico (“no tengo ninguna ‘cosmología precisa’ metida en el culo”). Gysin, aunque admite la realidad del mundo mágico y espiritual, no adhiere a ninguno de los grandes relatos que estructuran dicho ámbito.

Las diferentes tradiciones religiosas y esotéricas de la humanidad, en esta perspectiva, no son más que mapas y manuales incompletos de regiones en gran parte aún inexploradas y totalmente desconocidas. No hay una sabiduría perenne que una a todas las tradiciones, sino que más bien, son el registro de diferentes descubrimientos, alianzas, amistades y enemigos que los humanos han encontrado y establecido a lo largo de sus años de existencia conviviendo con las entidades y fenómenos que yacen más allá de las Puertas de la Percepción. No hay tampoco una jerarquía entre estos hallazgos ni una verdad eterna. El Cristianismo, el Islam, el Esoterismo Occidental, el Budismo Tibetano y cualquier otra influencia que podamos rastrear en su obra, son sólo meras cartografías, útiles sólo contextualmente, pero no por ello menos verdaderas.

En este sentido, también parece haber un aplanamiento ontológico, no hay una diferencia real entre el mundo espiritual-astral y nuestra realidad cotidiana, sino que forman parte del mismo continuum. Por eso, la búsqueda de Gysin y Burroughs nunca fue por la trascendencia, siempre fue por la supervivencia. Este politeísmo o animismo anarquista iguala a todos los seres en una lucha de todos contra todos donde sólo los más aptos sobreviven. En él, hasta los propios dioses pueden morir. Te preparan para morir mientras vives ¿Qué hace esto mientras estoy vivo? ¿Qué hace esto mientras estoy muerto? Te preparan para existir en las dimensiones astrales muerto o vivo”. No es que las diferentes tradiciones sean la manifestación de una misma conciencia universal, un velo entre ilusión y realidad, Brahman, el Dios Supremo o algo similar, simplemente son estratos metafísicos vagamente conectados, continentes a la deriva constantemente convulsionando y transformándose. Tampoco forman parte del mismo proceso como en la noción china de Dao, sino que son mejor entendidos como una jungla ontológica. A diferencia de WSB, el camino que Brion eligió para sobrevivir en este darwinismo mágico no pasó por la narración y recuperación de la religiosidad maya/egipcia o la alianza ucrónica con piratas, cowboys, virus, agentes secretos y aliens, el camino elegido fue el del silencio.

Gysin prefigura una forma técnica y autodidacta de acercamiento al fenómeno mágico que se iba a convertir en la manera predominante de practicar la magia durante la segunda mitad del siglo XX. No formó parte de ninguna orden ni tuvo nunca ningún entrenamiento formal. Él era, fundamentalmente, un experimentador de primera mano.Para los meditadores, místicos y chamanes caucásicos, la única vía legítima hacia el resplandeciente amanecer de la iluminación era la improvisación de protocolos experimentales a partir de un vasto espectro de tradiciones”. Como veremos repetidas veces, en su obra, la técnica y la experimentación informan su metafísica y viceversa. Para Gysin, literalmente, el Pecado Original es la comunicación. Los orígenes del ser humano y del mal están en la existencia de un mundo mediado por signos: el lenguaje. En su mito del génesis, la pintura y la escritura se encontraban unidas. En sentido estricto, no existía una diferencia entre los signos escritos ni las representaciones pictóricas. La escritura primero fue imagen. La imagen material, lejos de ser una representación y una forma de mediación era un tipo de acción directa de naturaleza mágica sobre la realidad. “Las pinturas eran originalmente formulas para hacer realidad aquello que estaba pintado”. Una humanidad muda y analfabeta existía en un mundo sin mediación bajo un régimen de abundancia que desconocía el sufrimiento y la explotación del trabajo:

La Comunicación es el Pecado Original que nos expulsó del paraíso animal. El paraíso es tal porque es Atemporal. Sin un Pasado del que arrepentirse ni un Futuro que temer, no hay ninguna temporalidad por la cual preocuparse. Cuando se empieza a realizar marcas en la pared para dejar constancia de lo que ha pasado, ya estamos avanzando hacia la peligrosa jungla del mundo. Cuando la humanidad quema la jungla para entregarse a la agricultura, ya está escrito que habrá de calcinarla por completo con el paso del Tiempo y destruir el planeta. Esto es lo que la convierte en el peor animal. Ningún otra especie destruye su entorno como nosotros.”

La caída del Edén se dio a partir de la introducción del trabajo y de la división sexual que dieron origen a la necesidad de la comunicación. Con la aparición de la Palabra se cimentó una concepción dualista sobre el planeta: lenguaje-mundo, signo-referencia, hombre-mujer, vida-muerte, espacio-tiempo. “La palabra escrita habla a distancia del mundo natural, oponiéndose así a los modales paganos de aquellos que viven entre los poderes e imágenes animistas de ese mundo”. Esta cosmovisión, en las palabras del artista, nos conduce de manera ineluctable a la destrucción de la Tierra. Por esta razón, el principal fin de las técnicas y experiencias llevadas a cabo por Gysin es “to rub out the Word”, algo que podríamos traducir como: “borrar, tachar o aniquilar la Palabra”. La idea de fondo es que hay que retrotraerse del orden simbólico para que a través de la materialidad podamos volver a acceder a lo real sin mediación alguna. De este modo, se disolverían las enormes divisiones dualistas que nos encadenan y la humanidad volvería a encomendarse al Gran Silencio fuera del Tiempo en el cual viven el resto de los animales del planeta.

Es a través del lente de esta mitología que debemos entender las diferentes técnicas extáticas desarrolladas por Brion Gysin. La primera y más renombrada de ellas es la técnica del cut up (el corte y pegue). Aunque una podría trazar equivalencias entre este método y el poema del sombrero de Tristán Tzara o la escritura automática de los surrealistas, estaríamos equivocadas. Los momentos dadaístas y surrealistas introducen el azar y rompen con formalismos artísticos como la autoría, pero dejan al Lenguaje intacto. Todavía podemos leerlos y trazar sentidos. Para Gysin el cut up no buscaba encontrar nuevos significados, como podemos ver en Burroughs, sino que consistía en volver a utilizar de manera material a la palabra. “El método del cut up trata a las palabras como un pintor trata a su pintura, materia en bruto con reglas y razones propias”. Su intención es volver a tomar a la palabra como imagen, destruir al lenguaje en el proceso y llegar así al silencio, a la no-lectura:

Gran parte de estos textos eran absolutamente ilegibles […], producían una serie de efectos psíquicos negativos, no había ninguna duda acerca de su eficacia, pero con qué objetivos alguien utilizaría tales cosas es algo que te deja pensando. Son la clase de textos que podrías usar para lavarle el cerebro a alguien, o tal vez, para controlar a una enorme cantidad de personas llevándolas a la locura mediante la aplicación de esta dislocación del lenguaje, donde por medio de alguna forma de destrucción de las uniones sinápticas con el lenguaje, se te daría el dominio social sobre estos individuos”.

Sin embargo, el cut up burroughsiano, en parte, todavía se puede leer, puede significar algo, es decir, no termina de romper totalmente el lenguaje, pero si logra generar grietas lo suficientemente grandes como para que el tiempo se filtre. De allí, que tanto WSB como BG se topen constantemente con mensajes ocultos y predicciones sobre el futuro en sus textos. Para Burroughs esto significaba que el Tiempo era una grabación del mundo producto de la Palabra: si cortamos y empalmamos la Palabra, cortamos y empalmamos Tiempo.

Brion, a diferencia de William, no insiste con el aspecto simbólico y busca romper finalmente con el lenguaje a través del uso de la permutación y repetición. Es así que desde 1958 a 1982 creará una serie de poemas que consistirán en la reproducción de todas las posibles permutaciones de una oración compuesta a partir de cuatro o cinco palabras. Al inicio, estos eran realizados a mano sin ningún método en particular, luego, a mediados de la década del 60, con la experticia de Ian Sommerville, empiezan a utilizar algoritmos y a programar los poemas en diversas computadoras. En Gysin conviven lo arcaico y lo moderno: el cut up lleva la escritura hacia el pasado mágico y, simultáneamente, hacia el siglo XX equiparándola a la pintura en adoptar una forma del collage. Sin embargo, al empezar las permutaciones con Sommerville la escritura salta al siglo XXI. Ya no estaban tratando a la palabra como materia/manchas, sino como información:

A pesar de que parezca simple y sea algo trivial de computar hoy en día, cuando, a mediados de la década del sesenta, Gysin e Ian Sommerville, el matemático de Cambridge, usaron computadoras para generar versiones más extendidas de sus poemas originales, estaban utilizando tecnología de punta y técnicas que ni siquiera existían apenas algunos años atrás”.

En ambos tratamientos el objetivo es el mismo, llegar al silencio. En el primero, la palabra se vuelve incomprensible al devenir en imagen material. En el segundo, la palabra se vuelve incomprensible al devenir en código (siguiendo a Baudrillard: el código sólo refiere a sí mismo, no tiene ningún significado ulterior, es un signo flotante). La sensación que una tiene al leer estos poemas es la de repetir un mantra que si se sostiene lo suficiente en el tiempo puede vaciar la mente de contenido (interiorizar el silencio) y llevarnos a estados alterados (presenciar lo inefable). En este sentido, el trabajo de Gysin puede ser entendido como una forma más de la vía apofática. Desde el neoplatonismo, esta ha sido uno de los caminos preferidos por los teológos místicos para fusionarse con el absoluto. Al negar todo posible atributo y enunciado sobre la divinidad, estos monjes y eremitas llegaban al conocimiento de lo divino a través del olvido.




Otra de las técnicas utilizadas por Brion para borrar la Palabra fue la escritura asémica. Estuvo influenciado principalmente por la caligrafía japonesa y árabe, las cuales aprendió en su estancia en el ejército. Estas obras consisten en grafos realizados de derecha a izquierda y de arriba hacia abajo fusionando los ordenes de lectura de las dos tradiciones caligráficas. En este caso, la escritura se produce de manera silenciosa, asignificante, casi como un dibujo automático. Sin embargo, lo más interesante sucede desde el lado del “lector”. Leer consiste aquí en aprender a ver nuevamente y olvidar el acto de la lectura automática. Cuando intentamos leerlo, nuestra mente parece funcionar en falso, reconoce una escritura, pero al iniciar ese proceso de lectura no devuelve ningún dato, sino silencio. Sabemos que no significa nada, pero igual intentamos leer. La palabra escrita subsiste a la ausencia de significado (un eco que parece comprobar la teoría de Burroughs de que la palabra escrita preexiste al lenguaje hablado). Lo que quiere Gysin es que volvamos a ver las manchas en el papel, que olvidemos las letras.

 



Una podría pensar que si Gysin hubiera tenido acceso a las máquinas que los primeros artistas del arte digital tenían, tales como Frieder Nake, Michael Noll y Georg Nees, no hubiera dudado en desplegar su escritura asémica a través del canvas de código de la computadora. Como un ya iniciado en el arte generativo o algorítmico, a partir de sus permutaciones poéticas, no habría tenido problema con encontrarse trabajando en una interfaz gráfica. De hecho, podría haber liberado a sus grafos de la autoría. Algo que no mencionamos de los poemas permutados es que Gysin no los consideraba como propios y pensaba que eran la expresión máxima de la frase del Conde de Lautreaumont:“la poesía debe ser hecha por todos”. Los poemas, siguiendo el algoritmo, se hacían a sí mismos y, según Gysin, lo único que había hecho él era inventar o, mejor dicho, toparse con una técnica o método disponible para cualquiera. Volviendo a los grafos, me gusta imaginar un escenario alternativo en donde Ian Sommerville no muere y junto con Brion acceden a alguna de las computadoras de la Siemens o la Bell; mediante las cuales, con algoritmos generativos, buscarían encontrar con sus grafos (¿Vía apofática?) alguna de las famosas 73 letras, que según la tradición esotérica islámica, componen el nombre oculto de Allah (les deje una tarea para casa, una posible ucronía a escribir).

Los glifos, además, parecen referir o tener paralelos con otras dos tradiciones mágicas. Por un lado, siguiendo con la idea de los nombres de dios, tenemos a la tradición cabalística y la noción presente en algunas de sus corrientes de que el universo en última instancia esta compuesto solo por las 22 letras del alfabeto hebreo, las cuales son el aliento de Dios. Sin embargo, Gysin, al ser contrario a la divinización de la palabra termina dando un giro gnóstico:

La Palabra es el mismo tipo de ilusión del cual Eva forma parte, ella no es una criatura real, ella es algo producido a partir de la costilla de Adán – lo que esta más cerca de tu costilla es tu pulmón, lo que sale de tu pulmón es tu respiración, lo que usas para hablar es tu respiración, toda Palabra es manipulación de la respiración o del aliento – La Vida es Aliento, la Muerte es Sin-Aliento – la comunicación es el uso de oxígeno para producir comunicación… y tenés que comunicarte.”

La escritura asémica vendría a equipararse con el acto de un demiurgo que, al inventar el lenguaje escrito, crea el mundo sensible. Se podrían pensar a estas figuras y pseudo-alfabetos como formas de regresión de la palabra. Al escribirlas o pintarlas Brion intenta tener un efecto real sobre el mundo que consiste, justamente, en nuestra salida de este. La inextricable unión del oxígeno y la comunicación, de lo material y lo literal; y del aliento con la vida replican nociones gnósticas de la negatividad de este mundo y la necesidad de trascenderlo. “No estamos aquí para amar, temer o servir a ningún viejo barbudo e invisible dios del trueno. Estamos aquí para irnos”. En su particular re-interpretación del Génesis y del Evangelio de Juan, Brion crea un gnosticismo que no sólo va en contra de los poderes materiales sino que se vuelve contra el mismo lenguaje. Lenguaje y mundo, materia y palabra son una y la misma cosa. Entonces, pasando a limpio: Palabra = Tiempo = Materia = Vida.

Su hostilidad con el mundo material y sus arcontes no puede ser reducida a un mal ejemplo de resentimiento ascético ante los estragos del tiempo. [Gysin] aborrecía el mundo en parte porque aborrecía esos poderes – físicos, institucionales, psicológicos – que impedían que el yo alcanzara su potencial, un potencial que asociaba a la liberación, con el acto de deshacerse de todas las cadenas. Dentro de su hostilidad casi paranoica hacia el ecosistema yacía un incandescente anhelo de libertad”.

Por otra parte, los glifos parecen también tener paralelos con la magia de sigilos de Austin Osman Spare. En su caso, otra gran influencia en el esoterismo occidental del siglo XX, este desarrolló un sistema de sigilos que consistían en dibujos automáticos o en una especie de caligramas a partir de un método de simplificación de las letras repetidas en una frase o nombre. El objetivo de dichos artefactos, que también comparten con los de Gysin el volver la palabra a mera imagen, era la realización de un deseo manifestado por la practicante. Para que el sigilo funcionara era necesario que la maga en un ritual destruyera la imagen y olvidara el deseo o el motivo que, en un primer momento, había originado al dibujo. Según Spare, simplificando bastante su teoría, el olvido provocaría que el inconsciente tome las riendas de nuestra voluntad para que ese deseo se cumpla.


Lo de Spare es un caso singular de una instrumentalización de la teoría freudiana del inconsciente, especialmente, en su análisis del olvido de los nombres o la producción de sincronicidades. Gysin nunca formuló que sus experimentos caligráficos sean una expresión de deseos inconscientes, pero si los consideraba artefactos mágicos, como ya vimos, con el objetivo de olvidar la palabra. Sin embargo, una podría especular que, influenciado por la tradición esotérica islámica, la escritura asémica es similar en muchos sentidos a los talismanes que funcionaban como protecciones o emanaciones de poderes especiales para quienes los poseían.

Los cuadrados caligráficos mágicos fueron una de las técnicas más comúnmente aplicadas por Gysin. Él reduciría un nombre o una idea en un ‘glifo’ y luego lo escribiría a través de una hoja de derecha a izquierda, giraría la hoja y repetiría el proceso una y otra vez, girando el papel hasta crear una grilla multidimensional. Las mismas técnicas y la misma intención funcional dirigida conscientemente permeaba todas sus pinturas. En un sentido muy real, todo lo que él creaba era un acto de hechicería”.

En los tres casos, ya sea que hablemos del cut-up original, los poemas permutados o la escritura asémica, estamos ante métodos del éxtasis desarrollados como máquinas estructurales que buscan eliminar el lenguaje y el tiempo para prepararnos para el viaje fuera del planeta. Estas técnicas no han sido reveladas, ni apoyan o sustentan ningún tipo de revelación que se vuelve luego un dogma. Han sido el producto de descubrimientos o experimentaciones tecno-metafísicas. En ese sentido, son un interesante ejemplo que problematiza la noción de un desencantamiento de Occidente o de un proceso de secularización impulsado por la ciencia y la tecnología. De hecho, son estas mismas las que vuelven posible nuevamente la experiencia mística, extática o religiosa. El texto que es cortado y pegado es la palabra de los medios masivos, la cábala y la exégesis ya no se hacen sobre el libro de la naturaleza o el revelado, sino sobre el hipertexto hiperreal. La creación del mantra permutado sólo es posible a partir de la tecnología informática de punta que permite el desarrollo de complejos algoritmos generativos.

La vivencia artística de Gysin es eminentemente práctica-mágica. Como hemos visto, muchas de sus obras se encuentran inspiradas en diferentes tradiciones, sin embargo, desde su enfoque técnico-experimental, estos métodos arrojan resultados que gracias a su génesis técnica no están atados a ningún relato en particular. Es decir, aunque estén inspirados o parezcan referir a diversas tradiciones, en los datos que arrojan sobre otras realidades, no quedan confinados al dogma justamente por su origen en un artefacto tecnológico/científico. Al mismo tiempo, disrumpen la división entre lo material y lo inmaterial, entre lo trascendental y el mundo de más acá por su misma naturaleza técnica. De ahí el aplanamiento ontológico que hablábamos al inicio y la convivencia no jerárquica entre las diferentes tradiciones religiosas, esotéricas y mágicas de las que Brion se nutrió.

Algunas filosofías consideran que la técnica moderna nos ha velado el acceso a nuestros fundamentos ontológicos, al Ser primordial. Pero ¿Qué pasaría si, por el contrario, se pudiera esperar un renacimiento del alma y de los valores humanos a partir de una nueva alianza con las máquinas?”

El escape de la Tierra y el viaje interestelar, entonces, es sólo posible mediante una hazaña técnica que produce una implosión metafísica: la destrucción de la dualidad. La ciencia/arte/magia que Gysin encarna (ya no tendría sentido que hagamos una diferencia entre estos términos) no es aquella que busca hacer cohetes, sino la que permite experimentar con realidades teológico-metafísicas (suena Crowley con su máxima: “los objetivos de la religión y los métodos de la ciencia”). Viajar a Alpha Centauri no dependerá de las ingenieras sino de las brujas metafísicas y sus computadoras:

Yo, YO SOY un compromiso, un compromiso entre los sexos en un universo dualista. Sólo estoy de paso, esperando mi visa vital, mi permiso de Salida Rápida, al menos eso espero. Ya sé que es mejor tener un cuerpo que no tenerlo, pero, al minuto de que llegue aquí, recuerdo gritar como un desagradecido: ‘¡Dirección errónea! ¡Dirección errónea! Ha habido un error con el envío. Devuélvanme. De donde sea que me hayan sacado, por favor, regrésenme. ¡Tiempo, lugar y color equivocados!’”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obras cortadas y pegadas:

Brion Gysin: Here to Go (2001) de  Brion Gysin y Terry Wilson editado por Creation Books. 

Tecgnosis: mito, magia y misticismo en la era de la información (2015) de Erik Davis editado por Caja Negra.  

The Magical Universe of William S. Burroughs (2014) de Matthew Levi Stevens editado por Mandrake of Oxford.  

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